CLASE. (Miércoles 13 de Septiembre)
En la clase de este miércoles, tras recomendarnos una lectura, María Jesús nos ha indicado una serie de pautas y consejos cuyo objetivo es ayudarnos a mejorar nuestra expresión oral frente a un público. Esto es de gran importancia en general, pero más aún aplicado a nuestra carrera y posibles futuras profesiones, ya que la correcta exposición de trabajos, obras, proyectos... es vital a la hora de "venderse" como profesional.
Pero hablar no es el único punto a tener en cuenta para ser un buen orador, sino que la dicción debe combinarse con otros elementos, complementándose por ejemplo con la comunicación no verbal (gestos, situación, vestuario correcto adecuado a la ocasión...), y sobre todo con una buena organización del discurso (en presentación, un cuerpo principal del discurso, y una conclusión a modo de despedida y agradecimiento).
En concreto la profesora se ha centrado en trabajos con un respaldo audiovisual, como puede ser una presentación en Power Point, refiriéndose por tanto a aspectos como la duración de las diapositivas, su contenido en relación a lo que el ponente va a contar...
Pero el momento más destacable de la clase se ha dado cuando la profesora ha pedido voluntarios para poner en práctica lo aprendido anteriormente, a través de exponer brevemente algunas ideas para un vídeo documental que se está pensando en realizar.
Como era de esperar, nadie se ha ofrecido voluntario. Miento. Una persona sí que ha salido voluntariamente, lo cual indicaba que seguramente lo haría bien, como de hecho ocurrió. Esto nos dejaba a los demás en una posición aún más comprometida, ya que la presión por hacerlo bien aumentaba.
A falta de más voluntarios, María Jesús ha "tirado" de lista. La tensión se palpaba en el ambiente. Yo mismo creo haber perdido una buena cantidad de pelo en esta clase. Hablar en público es uno de mis mayores temores, y eso que no es que me pille de nuevas precisamente, ya que he tenido que hacer muchas presentaciones anteriormente, pero el truco (mi truco más bien), es preparar un discurso con puntos y comas, memorizado, y no dejar espacio a la horrible posibilidad de tener que improvisar.
Así que en esos momentos de terror, mientras esperaba a ser el siguiente elegido por el Comité de Salvación Pública para ser guillotinado, ante esa idea de la improvisación, empecé a escribir exactamente lo que iba a decir. Por fortuna, y la verdad es que suelo tener suerte en estos casos, mi nombre no se llegó a escuchar, (aunque cuando la profesora nombró a una compañera llamada Patricia, al pronunciar la primera sílaba del nombre, noté momentáneamente como el alma abandonaba mi cuerpo).
Y hasta aquí la clase de este Miércoles.
Pero hablar no es el único punto a tener en cuenta para ser un buen orador, sino que la dicción debe combinarse con otros elementos, complementándose por ejemplo con la comunicación no verbal (gestos, situación, vestuario correcto adecuado a la ocasión...), y sobre todo con una buena organización del discurso (en presentación, un cuerpo principal del discurso, y una conclusión a modo de despedida y agradecimiento).
En concreto la profesora se ha centrado en trabajos con un respaldo audiovisual, como puede ser una presentación en Power Point, refiriéndose por tanto a aspectos como la duración de las diapositivas, su contenido en relación a lo que el ponente va a contar...
Pero el momento más destacable de la clase se ha dado cuando la profesora ha pedido voluntarios para poner en práctica lo aprendido anteriormente, a través de exponer brevemente algunas ideas para un vídeo documental que se está pensando en realizar.
Como era de esperar, nadie se ha ofrecido voluntario. Miento. Una persona sí que ha salido voluntariamente, lo cual indicaba que seguramente lo haría bien, como de hecho ocurrió. Esto nos dejaba a los demás en una posición aún más comprometida, ya que la presión por hacerlo bien aumentaba.
A falta de más voluntarios, María Jesús ha "tirado" de lista. La tensión se palpaba en el ambiente. Yo mismo creo haber perdido una buena cantidad de pelo en esta clase. Hablar en público es uno de mis mayores temores, y eso que no es que me pille de nuevas precisamente, ya que he tenido que hacer muchas presentaciones anteriormente, pero el truco (mi truco más bien), es preparar un discurso con puntos y comas, memorizado, y no dejar espacio a la horrible posibilidad de tener que improvisar.
Así que en esos momentos de terror, mientras esperaba a ser el siguiente elegido por el Comité de Salvación Pública para ser guillotinado, ante esa idea de la improvisación, empecé a escribir exactamente lo que iba a decir. Por fortuna, y la verdad es que suelo tener suerte en estos casos, mi nombre no se llegó a escuchar, (aunque cuando la profesora nombró a una compañera llamada Patricia, al pronunciar la primera sílaba del nombre, noté momentáneamente como el alma abandonaba mi cuerpo).
Y hasta aquí la clase de este Miércoles.
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