EXPOSICIÓN, "Liliput", Isabel Gómez. (7 de Septiembre)
En esta primera entrada del blog de la asignatura Análisis de la Forma, el Color y la luz voy a referirme a la exposición que visitamos el pasado jueves 7 de Septiembre. En vez de hacer una crítica o una interpretación de las obras, voy a centrarme en aspectos de éstas que me han llamado especialmente la atención.
Antes de nada, comentar que la exposición ha sido exactamente como me la imaginaba. En una sala pequeñita y austera, llena de señores y señoras (además de mis compañeros), con o sin copas de bebidas varias. Me ha resultado gracioso ya que no estoy acostumbrado a asistir a muchas exposiciones de este tipo, pero el ambiente que me imaginaba se asemeja bastante a la realidad. (Aunque si no recuerdo mal, me falló el ver algún brindis con copitas de champagne, supongo que la idea me vendrá de alguna película).
Centrándonos en el contenido de la exposición en sí, como he dicho antes, no voy a contar lo que Isabel Gómez nos explicó sobre el significado de su obra, ya que repetir sus palabras no tendría mucho sentido, y creo que, siendo un trabajo tan personal, no hay mucho que yo pueda aportar a la interpretación en este caso. Sinceramente, sin sus explicaciones, aun en contexto, no habría conseguido extraer el simbolismo tras cada pieza, lo cual no significa para nada que esté despreciando las obras, es más, todo lo contrario, la confusión que, al menos a mí, me ha producido, esa obsesión que siento por encontrarle un sentido a todo, cuando en realidad es posible que sólo lo cobre bajo los ojos de la propia pintora, resulta curiosamente satisfactorio.
Es como algunas películas de David Lynch. No las entiendes, pero te lo pasas bien intentando buscarles un sentido. Algunas veces lo encuentras y otras no. Lo mismo me ha ocurrido con esta exposición, te preguntas: ¿Por qué pintó esto aquí? ¿Qué significa esta composición de manchas?, ¿realmente todo tiene un lugar en la historia que quiere contar, o hay elementos puramente subconscientes que simplemente han emergido de la pintora en el momento en el que estaba trabajando?
En relación con lo que comentaba anteriormente del contexto, hay ocasiones en que éste puede ayudar a comprender la obra, pero hay otras en las que sólo produce confusión. Algunas veces es mejor buscarle tu propio sentido a la obra que intentar entenderla dentro el contexto dado. El problema es, como me ha ocurrido en este caso, cuando la historia sale del propio autor. Entonces tú no puedes buscarle otro sentido (obviamente) más allá de la intención original del pintor, sobre todo cuando se trata de una historia tan personal. Habría sido distinto si no conocieras la intención del artista, o si la pieza fuera de libre interpretación.
Creo que si sigo elucubrando no terminaré nunca, y me estoy alargando más de lo deseado, así que pasemos a otro tema.
Al entrar en la sala, lo que más me ha llamado la atención de los cuadros han sido los retratos, el rostro del personaje protagonista.Tan expresivos, con una técnica tan pulida, que destacaban por encima de otros elementos menos detallados (imagino que a propósito). La mirada de ella, la iluminación de sus facciones, el pelo... Sobre todo el pelo. Me suelo fijar mucho en el pelo de la gente y por eso me ha llamado especialmente la atención. La dedicación que se refleja en cada mechón, en cada reflejo, incluso en la unión del pelo con la parte trasera de la cabeza, en la zona donde es más corto...me ha parecido maravillosa. Es un cabello muy oscuro que, sin embargo, dependiendo del cuadro llega incluso a iluminar el rostro.
Antes de nada, comentar que la exposición ha sido exactamente como me la imaginaba. En una sala pequeñita y austera, llena de señores y señoras (además de mis compañeros), con o sin copas de bebidas varias. Me ha resultado gracioso ya que no estoy acostumbrado a asistir a muchas exposiciones de este tipo, pero el ambiente que me imaginaba se asemeja bastante a la realidad. (Aunque si no recuerdo mal, me falló el ver algún brindis con copitas de champagne, supongo que la idea me vendrá de alguna película).
Centrándonos en el contenido de la exposición en sí, como he dicho antes, no voy a contar lo que Isabel Gómez nos explicó sobre el significado de su obra, ya que repetir sus palabras no tendría mucho sentido, y creo que, siendo un trabajo tan personal, no hay mucho que yo pueda aportar a la interpretación en este caso. Sinceramente, sin sus explicaciones, aun en contexto, no habría conseguido extraer el simbolismo tras cada pieza, lo cual no significa para nada que esté despreciando las obras, es más, todo lo contrario, la confusión que, al menos a mí, me ha producido, esa obsesión que siento por encontrarle un sentido a todo, cuando en realidad es posible que sólo lo cobre bajo los ojos de la propia pintora, resulta curiosamente satisfactorio.
Es como algunas películas de David Lynch. No las entiendes, pero te lo pasas bien intentando buscarles un sentido. Algunas veces lo encuentras y otras no. Lo mismo me ha ocurrido con esta exposición, te preguntas: ¿Por qué pintó esto aquí? ¿Qué significa esta composición de manchas?, ¿realmente todo tiene un lugar en la historia que quiere contar, o hay elementos puramente subconscientes que simplemente han emergido de la pintora en el momento en el que estaba trabajando?
En relación con lo que comentaba anteriormente del contexto, hay ocasiones en que éste puede ayudar a comprender la obra, pero hay otras en las que sólo produce confusión. Algunas veces es mejor buscarle tu propio sentido a la obra que intentar entenderla dentro el contexto dado. El problema es, como me ha ocurrido en este caso, cuando la historia sale del propio autor. Entonces tú no puedes buscarle otro sentido (obviamente) más allá de la intención original del pintor, sobre todo cuando se trata de una historia tan personal. Habría sido distinto si no conocieras la intención del artista, o si la pieza fuera de libre interpretación.
Creo que si sigo elucubrando no terminaré nunca, y me estoy alargando más de lo deseado, así que pasemos a otro tema.
Al entrar en la sala, lo que más me ha llamado la atención de los cuadros han sido los retratos, el rostro del personaje protagonista.Tan expresivos, con una técnica tan pulida, que destacaban por encima de otros elementos menos detallados (imagino que a propósito). La mirada de ella, la iluminación de sus facciones, el pelo... Sobre todo el pelo. Me suelo fijar mucho en el pelo de la gente y por eso me ha llamado especialmente la atención. La dedicación que se refleja en cada mechón, en cada reflejo, incluso en la unión del pelo con la parte trasera de la cabeza, en la zona donde es más corto...me ha parecido maravillosa. Es un cabello muy oscuro que, sin embargo, dependiendo del cuadro llega incluso a iluminar el rostro.
Detalle de El Puente, por Isabel
Gómez Detalle de La Justicia, por Isabel Gómez
Fotografía: Pablo Donado Peris Fotografía: Pablo Donado Peris
Por último, antes de terminar, me gustaría referirme al
vestido que lleva la protagonista de los cuadros. Es un vestido que bien podría
haber llevado una contemporánea de Gulliver. La novela se escribió en 1726, y el
vestido parece salido aproximadamente de esta época, siglo XVIII, puede que incluso
de la primera mitad del XIX, (aunque la verdad es que también lo podríamos ver
en algún desfile de Gucci). Pero, ¿Para qué cuento esto?
Pues bien, entiendo que la estética de las obras tiene como
intención mantener por una parte el carácter clásico de la novela de Jonathan
Swift, con elementos como puede ser el propio vestido o las referencias a
pasajes de Los Viajes de Gulliver,
pero, por otro lado, al tratar una historia personal, la pintora ha querido
aproximarnos en cierto modo a un contexto actual, para generar una sensación de
cercanía temporal, para transmitir algo que aún está latente, y que no tengamos
la sensación de que estamos asistiendo a un evento de hace casi 300 años.
Esto lo consigue a
través de otros elementos, como el maquillaje, los pendientes, el corte de pelo,
o las botas de lluvia color pistacho que lleva calzadas, y que contrastan por
su modernidad con el vestido. Aun así, el conjunto funciona, creando un nexo entre
la realidad, la historia verídica que transmite, que viene representada por
este rostro que podríamos cruzarnos por la calle, y la parte onírica, el sueño
en que nos refugiamos frente al dolor, que se plasma en el vestido casi mágico,
en los liliputienses, en esas playas, ese río con nenúfares…
Y aquí termina mi primera entrada en el blog, creo que ya he
comentado todo lo que más me ha llamado la atención… espero no extenderme tanto
en próximas ocasiones.
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